Se abre el telón. El joven príncipe Hamlet, sostiene la calavera del difunto Yorick y declama una frase que se ha grabado a fuego en nuestros imaginarios: Ser o no ser, esa es la cuestión.

Con esto, se consagra una visión en torno al ser que nos sigue persiguiendo. El ser tiene dos estados, se puede ser o no ser. La realidad se nos presenta de forma binaria. Se puede elegir entre ser o no ser. ¡Menuda decisión!

Nos hemos acostumbrado a que la pregunta ontológica, es decir ¿qué es el ser?, tenga sólo dos respuestas posibles. En primer lugar podemos considerar que el ser existe de forma inherente, es decir, que las personas y las cosas existimos de forma autónoma e independiente en el mundo.

Si esto fuera así y fuéramos seres independientes del medio y del resto de personas con las que vivimos, se nos dibuja un mundo en el que apenas puede haber transformación o cambio. Las cosas son como son y punto. Es una ontología estática. Conocemos bien este mundo a través de la famosa canción de Alaska, “yo soy así, así seré y nunca cambiaré”. ¿Quién no la ha cantado alguna vez?

La otra opción que nos presenta esta forma de entender la realidad es más mucho más simple: no ser. Esta posibilidad por lo general da un poco de bajona y no la solemos ir cantando por ahí.

Sin embargo cambiamos

Al ahondar en las enseñanzas de Buda de la mano de la siempre radiante maestra guen Lochani, se nos abre una nueva forma de comprender el ser. En lugar del ser independiente, se nos presenta el ser interdependiente. Es decir, podemos considerar que el ser está siempre relacionado con otros seres y fenómenos existentes a través de un conjunto de condiciones y causas.

Por ejemplo, yo no puedo ser de forma independiente del oxígeno que respiro. El oxígeno condiciona mi posibilidad de ser. Tampoco soy independiente de los alimentos que ingiero, del lugar que habito o de la gente con la que me relaciono. Esto nos conduce a una ontología relacional. El ser depende de un entramado denso de relaciones que nos condicionan.

“El universo parece consistir en objetos separados que existe por su propio lado. Da la impresión de que los objetos, como las estrellas, los planetas, las montañas, las personas, etcétera, existen en sí mismos y que, en un momento dado, los seres conscientes los descubren. Por lo general, no se nos ocurre pensar que intervenimos de modo alguno en la existencia de estos objetos, sino que nos parece que cada uno de ellos es totalmente independiente de nosotros y los demás fenómenos.” G.K. Gyatso

También hay causas que determinan nuestro ser. Estas causas son decisiones, pensamientos o acciones que he cometido con anterioridad, que antes o después marcarán cómo soy y las cosas que me pasen. A estas causas se las denomina Karma.

Así, a la dicotomía ser o no ser, se añade una tercera opción: “estar siendo con”. El yo, no es un objeto con realidad inherente que vive de forma independiente, sino un fenómeno interdependiente marcado por condiciones y causas que tendrán consecuencias tanto en mi vida como en la de las personas que me rodean. El ser es siempre interdependiente.

Así comprendemos lo importante que resulta aprender a meditar y ver cómo se originan estas causas y condiciones. Purificarlas y en la medida de lo posible, desear lo mejor para todas las personas que te rodean. La buena noticia es que para hacerlo sólo se necesita una cosa, la firme determinación de empezar a hacerlo. ¿Te atreves a transformar tu vida? Se cierra el telón, Hamlet sonríe satisfecho.

J.R: Estudiante del Programa Fundamental