Reflexiones desde el programa general

Amar en tiempos de Tinder, Grinder, Meetic, Happn y otras decenas de aplicaciones no es fácil. Tiempos de relaciones poliamorosas, abiertas y cerradas. Tiempos de amor romántico y teorías críticas del amor. De cuerpos queer y de masculinidades heteronormativas. Tiempos de videollamadas y sexting, de promiscuidades creativas y celos posesivos. Tiempos de distancias sociales y mediaciones tecnológicas. En lo que al amor se refiere, andamos todos un poco perdidos y revueltos. Por ello, resulta tan necesario y esclarecedor el curso de meditación “Del apego al amor”, que se acaba de iniciar en Barcelona. Impartido por la maestra Guen Kelsang Lochani (risas aseguradas), en este curso de meditación aprendemos a diferenciar qué significa espiritualmente el apego y porqué tendemos a confundirlo con el amor.

Amar sin apego

Vivimos en un mundo en el que predomina el denominado “amor romántico”, es decir, esa forma de concebir el amor nacido en la literatura romántica europea del siglo XVIII que popularizó una idea: no hay felicidad sin encontrar al auténtico amor de tu vida. Todo problema, personal o social, se puede mitigar gracias al poder del amor. Estas estructuras narrativas, muy predominantes en la literatura europea del siglo XIX, se fueron consolidando y haciendo fuertes con la llegada de los medios de comunicación de masas, como la radio, el cine o la televisión.

Amar en tiempos de Tinder

De esta forma, todos hemos ido cultivando a una princesa Disney dentro de nosotros que centra la búsqueda de su felicidad en encontrar a su media naranja. Así, y de forma paulatina, querer se ha vuelto un acto egoísta. Querer se va vinculando con la idea de posesión. Buscamos el amor para estar más felices. Dependemos de otra persona para regular nuestra autoestima y nuestra felicidad. De esta forma nos apegamos a lo que desde el budismo se denominan “objetos externos”. Entidades con las que creemos vamos a poder saciar nuestro deseo e inseguridades y con las que creemos que podemos encontrar la felicidad.

La solución a nuestra felicidad

Así el apego consiste en creer que la felicidad la conseguiremos con algo que viene “de afuera”. En pensar que no podemos encontrar la satisfacción en nuestro interior. De esta manera, en nuestro día a día, nos apegamos a todo tipo de cosas: objetos, joyas, comida, bebida, sustancias, reputación o incluso a personas. Cuánto más vacíos nos sentimos, más creemos que algún objeto externo nos puede llenar. Con esto confundimos querer con un desear de manera incontrolada. El amor se confunde con apego, y el apego siempre genera insatisfacción. Nos metemos en bucles de deseo, buscando en los demás la solución a nuestra infelicidad. Pero el apego sólo conduce a más apego. Y cuánto más apego generamos menos satisfacción vamos a obtener.

“Estimar a los demás también nos protege de los problemas que produce el apego. A menudo nos apegamos con intensidad a una persona que creemos que nos va a ayudar a mitigar la soledad al proporcionarnos las comodidades, la seguridad o las emociones que tanto ansiamos. Sin embargo, si estimamos a todos los seres, no nos sentiremos solos. En lugar de querer utilizar a los demás para colmar nuestros deseos y necesidades, desearemos ayudarlos a satisfacer los suyos.” Gueshe Kelsang Gyatso

Para el budismo, como nos recuerda la maestra Guen Lochani, el amor verdadero surge de querer lo mejor para los demás. De la plenitud de trabajar y meditar para que la gente que te rodea sea un poco más feliz. El amor no depende de factores externos sino que reside en el océano de paz que muchas veces oculto, reside en nuestro interior. Por eso, para aprender a querer, lo primero, es hacer frente a esa mente que cree que sólo alguien o algo externo a nosotros nos puede abrir la puerta a la felicidad. El amor, la paz, nuestro bienestar son cualidades inherentes a nosotro.

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