Recuerdo que un día que llegué a casa del trabajo después de un día largo y complicado. Lo único que me apetecía era cenar algo rápido, meterme en la cama, ponerme una serie y quedarme dormido lo antes posible. Estaba cansado y no pude evitar enfadarme con mis compañeros por cosas triviales en las que hasta entonces no había reparado. Primero fue por la suciedad acumulada en la cocina, no había ni una sartén limpia para poder hacerme una tortilla.

Después empecé a reparar en cosas que estaban fuera de lugar, la ropa sin plegar, el rollo de papel de váter que nadie había repuesto y la botella de leche perpetuamente vacía que desde hacía unas semanas descansaba indolente en la nevera. A punto de estallar contra todo y contra todos mi compañera de piso para serenarme me dijo: cuando uno tiene una bola de caca en la nariz, no puede evitar ver mierda por todos lados. Efectivamente, hay veces en que nuestros estados de ánimo se apoderan de nosotros/as y determinan cómo percibimos la realidad.

“Nuestros estados de ánimo se apoderan de nosotros.”

Cuando uno está enamorado/a, tenderá a ver cosas buenas en la persona que tiene delante, cuando uno está enfadado/a, todo lo que verá serán defectos. Cuando una persona está agitada la vida se presentará como un sinfín de problemas, cuando la persona está en calma, no tardará en ver soluciones. Como nos recuerda la siempre sonriente maestra Guen Lochani, nuestras mentes determinan cómo percibimos la realidad, y en demasiadas ocasiones, nuestras mentes están en modo apego, enfado, miedo o intranquilidad. Eso hace que se nos dibuje frente a nuestros ojos un mundo amenazante, caótico y poco armonioso.

Muchas veces nos acostumbramos a ver lo que queremos. Cuando una persona tiene miedo, entrar en una casa que no conoce hace que todos los objetos que aparezcan se muestren amenazantes. También ocurre en ocasiones más triviales, como cuando uno se rompe una pierna que ve personas con muletas a doquier, o cuando una se queda embarazada, que se vuelve especialista en ver mujeres embarazadas en todos lados.

“Los enemigos internos del odio, el apego y demás engaños carecen de brazoz y piernas, y no tienen coraje ni habilidad, ¿cómo, entonces, han conseguido convertirme en su esclavo?”   -Shantideva-

Esto es lo que llamamos sesgos cognitivos, es decir, cuando nos damos cuenta que nuestra mente busca elementos muy concretos de la realidad para darnos la razón o para pintar un dibujo muy específico de lo que percibimos. Cuando estamos enfadados, la mente buscará causas para reafirmar nuestro enfado. Cuando estamos tristes, todo ahondara en nuestra tristeza.

En el curso “Del apego al desapego” que acaba de comenzar en el centro Kadampa de Barcelona estamos aprendiendo a conocer como nuestra mente participa en las percepciones que tenemos de, para así, aprender a vivir en un mundo un poco más armonioso. Al reflexionar sobre el significado del apego, nos damos cuenta que gran parte de las cualidades que les hemos otorgado a las cosas son fruto de nuestra mente.

Que muchas de las cosas que nos afectan a diario, surgen de nuestras mentes inquietas, irritables o asustadas. Cuando nos damos cuenta que lo que percibimos está directamente vinculado a cómo lo percibimos, podemos empezar a vivir en un mundo un poco más amable. Meditar en el desapego, hace que recobremos una paz interior que se proyecta sobre las personas y cosas de nuestro alrededor. Nos hace un poco más felices y por eso nos ayuda a hacer más felices a los demás. Y tú ¿Sigues queriendo vivir en el apego?

 

J.R. Estudiante del Programa General

Comparte