En general cuando hablamos de amor a todas y todos nos vienen a la cabeza imágenes de amor romántico. Pasión incontrolable, violines de fondo y estallidos de alegría. Pedidas de mano, lágrimas de felicidad, relaciones desenfrenadas y muchos likes en Instagram. Hablar de amor, es casi sinónimo de pensar en historias de redención, historias de personas que se salvan gracias al poder de su enamoramiento, de almas que andaban un poco perdidas y que gracias al amor encuentran su camino. Cuando pensamos que el amor es sinónimo de pasión, tendemos a olvidar que el amor también se puede manifestar como compasión.

En el curso “Del apego al amor”, estamos aprendiendo a atender y a practicar diferentes formas de amar. Dejando atrás el amor como apego, nos adentramos en el poder del amor compasivo. Este tipo de amor es clave para establecer formas de vínculo sanos y duraderos.

La compasión surge cuando, frente a otra persona que puede estar comportándose de forma temeraria, egoísta, reactiva, posesiva, etc., pensamos, “esta persona, al igual que yo, está haciendo todo lo posible por ser feliz, pero no lo consigue. Ojalá pudiese liberarse del sufrimiento que le aflige”. En lugar de juzgarla, intentamos escucharla. En lugar de sentirnos amenazados o enfadarnos por sus acciones, intentamos ponernos bajo su piel. Como nos recuerda la maestra Susana, a veces es importante darnos cuenta de la soledad, la tristeza o el miedo desde el que opera una persona a la que no podemos soportar. Cuyo comportamiento no entendemos o que nos causa malestar. 

No sirve de nada pensar que somos más importantes que los demás y fijarnos solo en nuestras buenas cualidades. Con ello no aumentan nuestras virtudes ni se reducen nuestros defectos, y tampoco conseguimos que los demás compartan la elevada opinión que tenemos de nosotros mismos. Si, en cambio, nos fijamos en las buenas cualidades de los demás, nuestro orgullo perturbador irá disminuyendo y llegaremos a considerarlos más importantes y valiosos que a nosotros mismos. Como resultado, nuestro amor y compasión aumentarán y realizaremos acciones virtuosas de manera natural. Nuevo ocho pasos hacia la felicidad.-Gueshe Kelsang Gyatso

Practicar la compasión ayuda a abrir espacios de empatía. De amor hacia los demás. Nos recuerda que en nuestro intento por encontrar la felicidad, nos apegamos a nuestros deseos, a ideas distorsionadas de quiénes somos, a buscar el amor en los demás y no en nuestro interior. 

Nuestros apegos se entrometen en nuestra misión de ser felices. Hay quien buscando la paz se ha apegado al alcohol o a las drogas. Hay quien se apega a su trabajo o a su estatus social. Hay quien se apega a comprar teléfonos o ropa. Hay quien se apega a otras personas. En la búsqueda de la felicidad, es fácil quedarse enganchados a una idea irreal de nosotros/as mismas perdiendo de vista a los demás. Desde la compasión podemos reconocer mejor a las personas a las que estimamos. Es una de las bases para deshacer lo que en budismo se denomina aferramiento propio, y así, abrirnos a los demás. Querer a quienes nos rodean es una poderosa máquina de generar más amor. Por eso es tan importante amar con pasión como aprender a amar con compasión.

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