Diferenciar el apego del amor

¿Quién no ha fantaseado alguna vez con encontrar al amor de su vida?¿Quién no ha creído que la verdadera felicidad reside en encontrar a su media naranja?¿Quién no ha creído alguna vez que si hallaba a su verdadero amor todos sus problemas iban a desaparecer?¿Quién no ha pasado una tarde de domingo viendo series de forma compulsiva pensando que si tuviera una pareja su tristeza desaparecería?

¿Quién no se ha quemado las yemas de los dedos pasando una tras otra fotos de redes sociales esperando toparse con la persona ideal?¿Quién no se ha acostado mirando si el mensaje enviado tiene el double check?¿Quién no se ha levantado a medianoche para comprobar si alguien le había escrito?

¿Quién no ha encadenado relaciones por miedo a que le invadiera la soledad?¿Quién no ha perdido los nervios alguna vez cuando no le devolvían la llamada o cuando el mensaje se quedaba sin contestar?¿Quién no ha llorado alguna vez cuando su amor no era correspondido? En definitiva, ¿Quién no ha pensado alguna vez que encontrar el amor era sinónimo de hallar la felicidad?

En el curso “Del apego al amor”, que se imparte en el centro Kadampa de Barcelona, aprendemos a diferenciar el apego del amor. Para el budismo el apego consiste en la creencia, errónea y distorsionada, de que nuestra felicidad depende de un objeto o persona externo a nosotros/as. El apego consiste en creer que nuestra paz reside en una persona o cosa que aún no hemos logrado encontrar o retener. 

En ese sentido, en ocasiones nos apegamos a cosas, personas, lugares o situaciones que pensamos que nos van a hacer felices. Como nos recuerda el siempre astuto maestro Darío, esto conduce en última instancia a la aparición de formas de querer muy egoístas, en las que la otra persona sólo aparece para cumplir una función, hacernos felices.

Completarnos. Liquidar nuestro malestar. Es decir, convertimos a la otra persona en un objeto al servicio de nuestro deseo, nuestros miedos y nuestras inseguridades. Esto produce formas de amor utilitaristas que antes o después van a transformarse en más malestar o infelicidad..

Cuando nos apegamos a otra persona, la utilizamos cual pastilla milagrosa para acallar nuestra insatisfacción. De esta forma, y casi sin darnos cuenta, aprendemos a querer raro, a amar mal. Pero como nos enseña con claridad la maestra Guen Lochani, desde una perspectiva espiritual el amor surge del deseo de que las personas que nos rodean sean felices. De la voluntad de ayudar a que la vida de los demás sea un poco mejor. 

Es meditando en esta forma de querer generosa y expansiva, que podemos empezar a disipar nuestros apegos. Que podemos aprender a querer sin necesidad de poseer. Que quitamos a nuestro ego del centro para dar lugar a relaciones más horizontales, a formas de amor más compasivas. Aprendemos que querer sin apego nos acerca un poco más a esa paz que todos/as anhelamos encontrar.

“Si estimamos a cada persona que veamoso en quien pensemos, tendremos una mente apacible en todo momento, por lo que seremos felices y no habrá base para sentir celos, odio ni otros pensamientos perjudiciales” Gueshe Kelsang Gyatso

A mucha gente esta gente le puede parecer rara, le puede chocar, puesto que estamos acostumbrados/as a ver y vivir formas de amor que se basan en la dependencia, la posesión y en el apego feroz. Es decir, formas de amor que redundan en el yo, yo y yo.

Por eso es tan reconfortante encontrarse con un ciclo de enseñanzas y meditaciones que nos enseñan a soltar, a desapegarnos. Que nos hacen ver que el amor reside en cuidar el nosotros. Que nos ayudan a reconocer la paz y felicidad que se encuentra de forma natural en nuestro interior. Que nos enseñan a amar cada vez un poco mejor.

J.R. estudiante del programa general

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